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He leído borradores de novela que no tienen pies ni cabeza, pero con un buen trabajo de estilo y edición se componen y se transforman en textos con mucho potencial.
He leído cuentos publicados en libros, lanzados y promocionados, cuentos últimos de aburridos que no se salvan ni por su propuesta estética, tan malos que ya borré detalles de su existencia. Pero como son cuentos en antologías, el peso de la antología salva al producto completo así que el cuento bodrio se convierte en apenas el punto más bajo del conjunto.
Leí una novela publicada por una editorial potentada y "prestigiosa", y esa novela tenía un comienzo tan potente y prometedor, que su final descafeinado y absurdo y apurado fue un total fiasco, una decepción que me produjo anticuerpos y ya no volví a comprar nunca más una novela de ese autor.
Leí mi primera novela publicada, y encontré tantos errores CULPA EXCLUSIVA DE LA EDITORIAL que perdí la fe en que alguna vez podría publicar otra novela, no con ese precedente en mi currículo. Todavía no publico otra.
De todas ésas experiencias, los borradores que aún no se publican son los que de verdad pueden mejorar, madurar, perfeccionarse. Los demás, ya no hay nada que hacer. Y es una pena, porque hay editoriales que siguen publicando textos sobre valorados, algunas a costo del autor que jamás recupera su inversión. Cuek. -
Parece que te encontré buscando a otr@s escritores, pero fue hace tiempo ya. ^_^
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Es terminar tres de las DOCE novelas que comencé a escribir alguna vez en el pasado quinquenio y que no terminé. Y el plan es hacerlo durante 2012.
Hay una que avanza a pasos de gigante, la otra está casi terminada pero tendré que hacerle un gran trabajo de edición, y la tercera aún no lo decido. Si quieren saber más y votar por alguna de ellas para que sea la elegida, entre por acá:
http://guajars.wordpress.com/2011/12/16/todo-lo-que-me-debo-la-venganza-o-un-nuevo-recuento-de-lo-que-no-escribi/
Si aplico toda mi parafernalia y comienzo a trabajar en enero, aprovechando los amaneceres cálidos y luminosos de mi ciudad, tengo la esperanza que las podré terminar el agosto. No aspiro a publicarlas de inmediato, pero tampoco lo descarto. -
Morir sin enterarse de nada, durante el sueño, creo que sería una manera decente de morir. Dulce sería tener un orgasmo que te deje narcoléptico, y volver a la vida para seguir.
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Estaba ebrio y volado. Me acuerdo que lo tuve, pero no recuerdo como fue.
Con el tiempo me hice un maestro (true story) -
No hay ninguna comida que no coma y hay muchas que me faltan por comer.
Ahora, evito el ajo porque me deja hediondo, pero nada más. -
A ver si puedo sacar en limpio algunas ideas para entenderlo yo también.
Al principio me dio por escribir porque en el proceso de leer me iba imaginando cosas que no estaban en los libros. Mi proceso creativo se disparaba. Así que primero hice unas anotaciones, luego fueron cuentos, creo que un centenar o más, en hojas de cuaderno. La mayoría no tenían final, así que no son como para ponerme orgulloso.
Me la pasaba todos los días fantaseando, era mi método de evasión favorito, y en alguno de esos fantaseos se me ocurrió una historia, llegué a mi casa y la escribí, me quedé hasta tarde escribiendo, y la terminé. Es el primer cuento que tengo memoria de haber escrito de principio a fin. Era 1988.
Y me gustó. Me gustó tanto que seguí escribiendo. Exorcizando mis trancas personales, luchando con las dificultades de la vida adolescente, desde la ignorancia propia de un niño grande. No me detuve, hubo periodos de sequía creativa que coincidían con esos periodos de estrés académico y/o de poca o ninguna lectura, pero no suelen durar mucho.
Ahora me gusta escribir porque saco afuera todo lo que sé, lo que aprendí en estos años de práctica e investigación literaria. No soy un sabio, el contacto con otr@s escritores me ha demostrado que sé muy poco de lo necesario y mucho de lo inútil, pero también que soy un maestro en aquellos temas que me motivan y que son los mismos que me rondan desde que despierto hasta que me duermo. Por eso se me da tan fácil cierto tipo de escritura.
Me resisto a quedarme con lo fácil, me gusta desafiar a mi intelecto, sacarle las telarañas a la capacidad creativa y ponerme en el lugar de otros. Me fascina, me encanta. Si pudiera dedicarme solo a eso, pues eso mismo estaría haciendo todo el día.
Ahora, a escribir -
Soy esclavo del teclado y la pantalla, y bastante rápido así que la computadora es mi mejor compañía, cuando quiero escribir.
El resto del tiempo traigo conmigo una libreta y un lápiz. Cuando caigo en un bloqueo, tomo la libreta y hago anotaciones de lo que quiero escribir, le doy vuelta a la escaleta y los conflictos, o el ambiente, cualquier pieza del relato que estoy trabajando. Y en ese ejercicio el bloqueo se acaba.
No suelo releer mis notas, escribir todas esas ideas es más un ejercicio de traspaso de datos. Si pierdo la libreta, en realidad no pierdo nada muy importante, pero me da tranquilidad saber que todo eso que alguna vez estuvo en mi cabeza y en desorden, adquiere cuerpo y estructura una vez que cae en el papel.
Después viajo a la pantalla y el teclado. -
En general escribir es un placer, cuando no es una obligación. Desde hace un tiempo tengo que obligarme a escribir, o sea, no es una labor placentera, pero el efecto de ver la historia escrita y que el relato avanza tal como lo tenía planeado, es en sí mismo muuuuy placentero.
Mi texto favorito hoy está en proceso de borrador. Todavía no lo termino, y es de esos textos que me debo obligar a componer día a día, aunque sea un párrafo a la vez, pero que me da mucha satisfacción cuando leo las escenas y capítulos terminados.
Sí hay un link a un pequeño borrador de una escena, que subí a Goodreads. Lo copio acá:
http://www.goodreads.com/story/show/277111-blonda-st-l-en-la-ciudad-indestructible -
A Fire Upon the Deep, de Vernor Vinge.
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Hmmm...
En Sordomudo, Ignacio es un bebé->niño->adolescente estándar, la verdad es que no puse mucho detalle en su apariencia para que cada lector(a) reconozca en él a cualquier niño o joven.
Y ahora que lo pienso bien, Roke (de mi cuento en Poliedro 4) tampoco tiene características muy claras, es un chico de 16 años que pasa inadvertido la mayoría del tiempo y tiene un solo amigo de verdad.
Tu pregunta me da qué pensar. Voy a poner un poco más de información acerca de la apariencia de mis personajes en trabajos futuros. Tal vez por sentirme identificado con ellos partí pensando en mí frente al espejo y olvidé que el resto del mundo no me conoce tan bien como mi reflejo.
Gracias! -
Primero me dejo llevar, cuando se me ocurre una idea, a veces es una simple escena, me dedico a fantasear acerca de ella. Y el fantaseo puede durar un rato o puede durar horas, días, semanas... Tengo algunas ideas compejas que llevan años dando vueltas en mi cabeza.
Luego hago el *logline*. Reduzco la historia a una sentencia que lo resume todo en dos líneas de texto. Con ese ejercicio saco en limpio de qué trata la historia, qué personajes actúan en ella y cuál es el conflicto que les mueve. A veces me paso varios días luchando con el *logline*, porque no abarca todo el rango de ideas que quiero imprimir en la historia, y lentamente llego a un acuerdo conmigo mismo. Hay veces que es mejor dejar cosas afuera.
Con el *logline* armado, fabrico una *escaleta* que va escena por escena presentando lugares, personajes y acciones. A veces uso una estructura cinematográfica ("salva al gato"), otras veces me evito problemas y organizo todo en tres escenas.
Una vez que la *escaleta* está lista, después que la leí y releí, la edité, la corregí, agregué y quité... voy escena por escena escribiendo un *tratamiento*, que dicho fácil es la extensión de la escena en formato literario (o un resumen de la obra final con muchos detalles). Cuando termino el *tratamiento* el texto ya va por las 25 mil palabras.
Y con el *tratamiento* finalizado... paso a leer y editar el texto de principio a fin, agregando y quitando anotaciones sin seguir una estructura lineal. Siempre hay algo que faltó o que sobró, o un diálogo poco convincente, o una situación que pudo exponerse de mejor manera... mil cosas pueden ocurrir y aquí es donde pueden pasar mil años también. La mayoría de mis textos están ahí, juntando polvo, releídos y reeditados una y otra vez.
Hay veces en que me estanco, ya no hay nada más que sacar o poner al texto. Ahí nace el *borador*. Lo que haga con ese borrador da para otra historia. Pero resumiendo hacia la conclusión, eventualmente publicaré esos textos.
Entonces: LOGLINE -> ESCALETA -> TRATAMIENTO -> BORRADOR
Parece un proceso largo y tedioso. En realidad no lo es. El problema es que no tengo tanto tiempo como quisiera para ir cerrando etapas. Pero me funciona de maravilla. -
Tengo dos personajes favoritos.
El primero es Ignacio, un chico bipolar que vive en el siglo XXIII, en un mundo donde la comunicación instantánea mediante el tacto es lo más natural y hablar (con la boca) es una rareza. Es el protagonista de mi novela Sordomudo y algún día escribiré qué le pasó después de esta novela corta que comienza con la escena final. Tengo unas ideas muy ambiciosas para este chiquillo. (Se puede descargar gratis la novela en PDF y ePub desde mi blog).
El segundo es Roke, también protagonista de un cuento que saldrá publicado en la cuarta entrega de Poliedro (el lanzamiento será el 8 de noviembre en la Filsa). Es un adolescente que puede ver el futuro y se la pasa confabulando para corregir los problemas que aquejarán a sus amigos, antes que ocurran. También tengo planes para este personaje, una novela que escribiré antes que me muera (espero!)
Me identifico con estos personajes. No soy bipolar ni puedo ver el futuro, pero los creé usándome como template y ellos son parte de mí. -
Para mí el arte es cualquier creación que logra que la neurona haga una conexión creativa y/o apreciativa. Si un cuento mío produce algún efecto en quien lo lee, aunque sea una historia simple o absurda, aunque nadie más aparte de mí (y mi mujer) piense que es arte... pues ya cumplí con mi objetivo.
A la hora de crear, prefiero guiarme por mis instintos. El "arte" planificado no es arte, creo. Es un proyecto.
Y mis artistas favoritos están en la música, el dibujo y los guiones. Las novelas demasiado "artísticas" me aburren. La poesía me genera un infinito desprecio (y dije "la poesía", no dije "los poetas"). No tengo una lista, así como para compartirlos. Pero si miras en mi blog, cuando leas que algo me gustó (y usualmente digo por qué), pues ahí tienes. -
Y... aquí, peleando con una novela que comencé a escribir en mayo. La tengo armada y lista, todo, de principio a fin, y ya terminé el primer capítulo. Pero cada vez me cuesta más escribir la siguiente escena. No porque no sepa qué escribir o no quiera escribirla. Creo que necesito vitaminas.
El resto del tiempo hago SEO en la pega. Pura diversión. -
Sabes que la mayoría de las veces peco de exceso de entusiasmo, me enamoro de una idea y no le doy el tiempo suficiente para que madure y tome cuerpo. Así que parto como avión, a la mitad ya estoy luchando para escribir las próximas mil palabras y nunca salgo de los dos tercios, la novela o cuento queda en el camino.
¿Qué tiene que ver esto con la comodidad? En que de verdad, no hay un género literario que me acomode. Sí sé que estoy enamorado de la fantasía en general, con todas sus variantes y subgéneros y rarezas y modas y resurrecciones. Me da satisfacción escribir algo que de tanto darle vueltas, ya está hecho, listo, macerado, maduró gracias al tiempo y la experiencia. Cuando no me apresuro, cuando dejo que una historia se ponga a prueba a sí misma sin pasarla al papel, eventualmente el mismo proceso de escribirla es incómodo. No sé si logro transmitir esa sensación, muy cercana a sentirse defraudado por un proyecto en el que se está por buena fe y que hace tiempo demostró ser algo completamente demoníaco.
En otra pregunta por acá, RealH me preguntaba acerca de la geografía de mis mundos secundarios. Para el caso de el género y cualquier otra consideración literaria, creo (hoy, antes pensaba otra cosa y no sé qué pensaré en el futuro), creo que la comodidad final se da cuando se escribe desde la experiencia y el conocimiento.
No sé nada de investigación policíaca y es la principal razón por la que no escribo novela negra, que ha demostrado ser más rentable que la F y la CF. No sé nada de navegación, así que no me atrevo a escribir una historia que transcurre en una embarcación, aunque podría hacerlo desde la perspectiva del pasajero ignorante. No sé absolutamente nada del mundo militar (chileno) y sus estructuras éticas ni morales, y no voy a escribir de ello. ¿Me explico? Puedo escribir del bosque esclerófilo y de las montañas, del sur de Chile, de Chiloé, de las aves y sus cantos, de bichitos que se alimentan de hojas y de arañas que podrían ser mascotas, de plantas medicinales y sus propiedades. Puedo escribir de dolores físicos invalidantes, ay que cólico renal y articulaciones que hacen clic, y de placeres táctiles, la piel como un campo electrificado. Te puedo relatar con lujo de detalles la mezcla de olores que emanan de un vertedero. Y el olor a pastos y flores de los potreros de mi infancia, la cacería de lagartijas, la metamorfosis del pirigüín para convertirse en sapo, la muerte de mi gato bajo las ruedas de un camión.
No te voy a dar más la lata para explicar que escribir de las cosas que conozco, ponerlas en otro contexto, crear mundos a partir de ellas, me produce una gran comodidad y hasta placer. Y cuando la historia creció en mi cabeza, tal vez durante años, añadiendo y quitando detalles pequeños y otros enormes a partir de lo que veo y siento y huelo, pues la historia me nace y fluye.
Hoy son pocos los proyectos en los que trabajo y en los que me siento totalmente cómodo. Hay un par que siguen macerándose y ganando momentum, de los que sólo he descrito líneas y hasta he escrito cuentos para probar alguna idea. Hay una novela con la que estoy luchando día a día, escribiendo de a un párrafo si es necesario, porque me incomoda profundamente y aún así me niego a darme por vencido porque siento que tiene potencial en todo sentido.
Ahora, como no respondí realmente a tu pregunta, debo declarar públicamente que el terror es un género que me cuesta, si es que no estoy negado a él completamente. Aparte del salto por un susto que quita el hipo o la sensación de que al llegar a casa mis viejos me van a matar porque me eché varios ramos en la universidad (es angustia que carcome y no abandona), no tengo mayor experiencia en terror. Escribir de zombis por ejemplo (leerás tres ejemplos en mi próximo compilado de cuentos) al final termina en comedia. -
Sabís que llevo mucho tiempo dando vueltas a esta pregunta y no doy con una respuesta adecuada. Hay series que me gustan, como el Doctor Who, pero no tengo un personaje favorito ahí, porque cambian los actores y actrices y qué me queda? No puedo odiar la serie por eso. Rory ahora es el tipo de antihéroe que me agrada, pero no es para nada mi favorito.
Cuando veía Evangelion, me sentía identificado con Shinji... hasta que demostró más afinidad por su amigo Kaworu que por la rica Ayanami. Ahí hasta dejó de gustarme la serie por un tiempo.
Ahora, con todo lo que he visto y leído (y ha sido MUCHO), no puedo favoritear a ningún personaje en particular. Sí me gusta descubrir los giros del guión y las soluciones del director/autor en las series de TV donde los personajes no son planos estereotipos que hacen siempre "lo que deben hacer". En Juego de Tronos (TV) prácticamente podía esperar que ocurrieran tragedias y que los personajes sufrieran al punto que daban ganas de cambiar de canal. Todo siempre va de mal en peor. Y cuando se arregla o mejora algo, es para que los personajes caigan cada vez más bajo. Eso me FASCINÓ.
Más que personajes favoritos, ahora prefiero hablar de guionistas o autores o directores favoritos, que son los que hicieron esas películas y series y novelas que me volaron la cabeza. Espérate que haga la recolección de mis propias preferencias y las postearé en mi blog en un futuro cercano.
Muy agradecido por tu pregunta. -
Las editoriales pequeñas que publican fantasía (no incluyo las grandes porque nunca me han dado la pasada, pero no las descarto tampoco), esas editoriales que hacen tiradas de 300 ó 500 libros y que te cobran los costos de imprenta... las pocas que conozco NO SON muy confiables. He visto productos terminados, en vitrinas de librerías, que están llenos, pero repletos, de errores de tipeo.
Comprendo que una editorial pequeña se arriesgue con un autor desconocido y que deje pasar problemas de la historia o de personajes, no voy a entrar a detallar eso aquí. Pero es imperdonable que deje pasar faltas de ortografía, aunque sean errores de tipeo. Una editorial por muy chica que sea, debería como mínimo ocuparse de el estándar gramatical de la lengua castellana. Si el libro es malo, ya lo pelarán los lectores y chao nomás. Pero que no se dé pie para que lo pelen porque no cuidaron el sustento más esencial de una editorial: EL LENGUAJE.
Cualquier editorial que te recomiende, al margen de su negocio y los servicios extra que ofrezcan, debería como mínimo ofrecer una revisión de estilo por parte de un profesional. Y aún así no confiaría mi texto al criterio de alguien que no conozco. Si quieres enviar algo, pásaselo a tu mejor amiga del colegio que tiene esa caligrafía de princesa y seguramente se sacaba puros 7 en lenguaje. Después se lo llevas a una editorial.
Y respondiendo a tu pregunta... hay una editorial Patagonia que tiene tienda en Amazon, me tinca aunque no tengo mayores referencias. Mirá: http://www.librospatagonia.com/tienda/ -
Depende de la música y su objetivo. En Drácula de Coppola, es indispensable y no me imagino la película sin esa música. En las películas de los años 50, la música incidental era absoluta, no había un puto segundo de silencio. Y la música acompañaba las líneas dramáticas, así una escena cómica tenía "sonidos cómicos".
Los tiempo cambian, una buena selección de banda sonora puede hacer que una película suba varios peldaños en la escala de experiencia multimedia (me acuerdo de inmediato de The Fight Club); lo mismo si es una mala elección, pues hacia abajo (no me acuerdo de ninguna... pero las hay por montones).
El mejor ejemplo de patetismo sonoro está en los noticiarios de TV. Apenas hacen un extreme-close-up a una pobre señora desdentada que llora a su hijo baleado, van y le ponen la banda sonora de la Lista de Schindler (esa misma, la del violín), y ahí me queda claro que alguien con CERO,CERO-UNO de imaginación eligió la música. Para qué hablar de los programas de farándula, son un desastre sonoro, sin la música "tensa" de fondo, todo el concepto de conflicto en pantalla se desmorona. ¿Y los realitys? Ídem.
Volviendo a tu pregunta, en el cine lo más común es que se hagan buenas elecciones sonoras a películas con buen presupuesto, se elige a la mejor gente para hacer la pega y etc. Las películas de bajo presupuesto, las más pobres, suenan como película porno de los 80. A veces es una elección estética, como en las películas de Tarantino, pero en su caso la elección musical está sobrevalorada.
En #PSIQUE metimos una mezcla de todo lo que se nos vino a la cabeza, entre otras cosas la música que nos gustaba escuchar y otra que no había oído en mi puta vida, la metí igual. Hay gente que le hizo ruido y hay otra que se compró los discos (o los bajó, da lo mismo). Cada uno hizo de la lectura una experiencia personal y eso está a un pelo de mamut de ser arte. En serio.
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Daniel Guajardo’s Bio
Escritor fantástico, a veces periodista y diseñador Web.
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- cualquier custión cf-f
