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asked by Formspring
Todos los días me acuerdo de mis sueños creo que es lo mejor de lo mejor.
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Es parte, quisiera decir que el mandamiento de la ley de Dios, en su fórmula catequética enseñada por la Iglesia y evaluada a la luz de la revelación de Cristo, es no cometer actos impuros y tiene un alcance para todo acto sexual por fuera del matrimonio y esto incluye la masturbación.
Busca ayuda espiritual. -
No cabe ninguna duda que el sacerdote NO DEBE utilizar lenguaje vulgar durante la celebración de la Santa Misa.
Lo que sucede es que hay 400.000 sacerdotes en el mundo, y no todos son muy santos... La Misa es una celebración DE LA IGLESIA, no del sacerdote. Por eso está todo bien precisado en cuanto a los gestos, palabras, etc.
El sacerdote es el primero que debe respetar la liturgia, pues es una acción de Cristo y la Iglesia. El actúa "en la persona de Cristo", y como tal debe comportarse. Dios te bendiga. -
La Iglesia Católica apoyada en la Revelación, enseña que la suerte definitiva del hombre se fija en el momento de la muerte: Entonces se escuchará la sentencia del supremo juez, Jesucristo, nuestro Señor: "Venid, benditos de mi Padre a poseer el Reino que ha sido preparado para vosotros"; también: "apartaos de mí malditos, al fuego eterno..." (Mt 25, 35 y 41).
De modo que, en definitiva, lo último será la salvación o la eterna condenación. En eso, todos los cristianos estamos de acuerdo. Pero la Iglesia Católica afirma, igualmente apoyada en la Revelación, que la salvación se alcanza hasta que se logre la plena purificación del hombre y, muchas veces sucede que una persona, al morir, aunque tenga ya asegurada su salvación, todavía tiene que purificarse para poder entrar al cielo, a la vida eterna. Por lo mismo, Dios ha establecido un "estado" de purificación que la Iglesia acostumbra llamar Purgatorio.
La Iglesia dice, apoyada en la Biblia, que es el mismo Cristo quien así lo determinó. Más aún, la fuerza purificadora del Purgatorio se debe a la voluntad de nuestro salvador, que quiere decir: "nada manchado entre al cielo" (Apoc. 21,27). -
¿Quién es el último amigo que había hecho?
El de siempre es decir Jesús.
Who is the last friend that had made?
The always that is to say Jesus. -
nunca, me he sentido asi.
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puede ser, en fin. Un concepto de amor real se plasma en la frase “el amor sólo es posible cuando aceptamos nuestra ineludible soledad; no es el encuentro de dos incompletos, es el encuentro entre dos completos. Amar no se da en la fusión (la cual asusta, pues nos quita la autonomía); tampoco está en la separación (pues nos quita el apego). Está en la posibilidad de ser uno y luego decidir si se quiere o no compartir la vida con la persona que nos atrae...cada persona debe ser una unidad
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creo que seria un buen payaso, CONOCIMIENTOS ESCENICOS SON MUY AMPLIOS DEBIDO A SU FORMACIÓN ACTORAL Y EL PERTENECER A DIFERENTES GRUPOS TEATRALES, en Bucaramanga.
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En la VOCACIÓN está la curiosidad y el placer por la realización de la tarea misma y no sólo por sus logros (GUSTO); se te ocurren cosas nuevas o puntos de vista diferentes a los ya existentes en esto, te animas a especular, a hacer hipótesis, sientes una seguridad intuitiva que de alguna manera saldrás adelante con esto y quisieras hacerlo a tu manera (APTITUD).
Sientes que esto es muy necesario para los demás o para la Vida. (ENTREGA)
En ello hay inspiración y entrega, nos da satisfacción y sentido de vida.
En fin es un don de Dios, que por amor se da a ti. -
Bueno tu Mamá no esta equivocada, sino dice la verdad. Pero en este punto Es muy preocupante la extensión que este fenómeno ha alcanzado actualmente. En casi todas las revistas, diarios, programas de televisión y radio y hasta la Internet donde no se incluya columnas dedicadas al horóscopo; en algunos países hay canales de televisión dedicados exclusivamente a temas astrológicos y esotéricos con programas al respecto, y lo mismo se diga de la radio y de las consultas telefónicas.
La literatura sobre el tema es muy abultada. Es más, hoy en día los horoscoperos se presentan como "profesores", "licenciados en ciencias ocultas", "especialistas en ciencias parasicológicas". La experiencia nos muestra que gran parte de nuestros contemporáneos si no consultan sus respectivos horóscopos convencidos de su exactitud, lo hacen al menos concediéndoles el privilegio de la duda: "no es que yo crea en el horóscopo, pero algo de verdad debe tener".
Al menos muchos, guiados por cierto fatalismo supersticioso, piensan que permanecer totalmente incrédulos ante las predicciones horocopales puede traerles mala suerte. Y de hecho un dejo de consuelo les queda cuando leen allí pronosticado: se está por iniciar para usted una nueva etapa; pronto hallará anheladas respuestas; diez puntos en salud; los rosados influjos del amor no han logrado atemperar su fuego combativo; como todo felino tiene siete vidas y luchará valerosamente; aproveche el momento, sobre todo el financiero; la relación con los socios y con la pareja es muy buena; etc.
Los hombres, para vivir, necesitan la esperanza, y cuando pierden la que nace de la fe verdadera, están dispuestos a creerle al primero que les prometa un venturoso porvenir: Mundus vult decipi, el mundo quiere ser engañado, dice un antiguo proverbio.
¿Qué podemos decir de esto? El horóscopo es un desprendimiento de la antigua astrología, no de la astrología natural, que es madre de la actual astronomía, sino de la astrología judiciaria, que se empeñaba en descubrir la influencia de los astros sobre el destino de los hombres y de las cosas. En este sentido, hay que colocarlo dentro del fenómeno más amplio de las "artes adivinatorias", puesto que, como su nombre mismo lo indica (oros-scopeo, examinar las horas), el horóscopo designaba originariamente la observación que los astrólogos hacían del estado del cielo en el momento del nacimiento de un hombre pretendiendo con ello adivinar los sucesos futuros de su vida. Para mayor exactitud, el horóscopo designa el mapa con la posición de los planetas en un instante dado por su relación con el Sol y la Tierra. Por derivación se llama también horóscopo a las predicciones que pretenden sacarse de tal observación.
La astrología judiciaria se divide, a su vez, en varias clases. Tenemos así la astrología mundial, que intenta fijar la evolución de la historia y de la política; la astrología genetlíaca o individual que, levantando el horóscopo del momento del nacimiento, pretende precedir los eventos futuros del sujeto implicado; la astrología horaria, destinada a contestar preguntas concretas, para lo cual se estudia el horóscopo del momento en que se formula la pregunta al astrólogo.
En todos los tiempos, el hombre ha sentido el interés por conocer el porvenir, y en los tiempos de decadencia religiosa, tal interés se ha transformado en obsesión. El hombre moderno se parece mucho al "supersticioso" que describe Teofrasto en sus Caracteres, corriendo febrilmente de un augur a un adivino, y de éste a un intérprete de sueños.
El recurso de los hombres a la astrología tiene una larga historia, desde su origen babilónico; tuvo influencia en algunos filósofos de Grecia (presocráticos, epicúreos y estoicos), y sobre todo en el mundo islámico (donde adquirió un desenvolvimiento singular); en el mundo cristiano estas creencias se desarrollaron poco mientras la fe era más profunda y arraigada (aunque no faltaron monarcas que tenían astrólogos en su corte), pero ya en el siglo XVI no había soberano que no consultara a su astrólogo particular, y sobre todo ganó terreno con el positivismo y el racionalismo del siglo XIX. Incluso, durante la segunda guerra mundial, después que el suizo Krafft predijo el atentado que Hitler sufrió en Munich el 8 de noviembre de 1939, la guerra psicológica añadió un departamento más, el astrológico.
Es verdad, y nadie podrá negarlo, que los astros ejercen algún tipo de influencia sobre las realidades del mundo, incluido el hombre: ¿quién no nota los efectos que producen los cambios de estaciones y condiciones meteorológicas, no sólo sobre las realidades materiales (como las mareas) sino sobre el humor, los estados anímicos y la misma salud humana?
Por eso, Santo Tomás admite cierto influjo de los astros sobre la parte corpórea del hombre (en cuanto todo el universo se influye mutuamente), y, consecuente e indirectamente, sobre sus sentidos corporales (imaginación, memoria, instintos). Pero de ningún modo pueden servir para predecir los actos futuros libres de los hombres, puesto que sólo puede predecirse el futuro a partir de un hecho concreto, siempre y cuando el evento futuro se encuentre en este hecho o realidad presente como el efecto en su causa; y los hechos futuros de los hombres no son efecto de los movimientos o posiciones astrales.
A lo sumo, como indica agudamente el mismo Santo Tomás, podría conjeturarse aquello que con mayor probabilidad harán algunos hombres basándonos en la experiencia que nos dice que la mayoría de los mortales se deja llevar de sus estados anímicos y de sus disposiciones corporales; en tal sentido, si conociéramos la influencia que algún astro o estación climática ejercerá sobre los cuerpos en tal fecha, podríamos también conjeturar cómo obrarían aquellos que se dejen llevar por tales estados.
Afirmar otro tipo de influencia y, peor aún, pretender determinar los hechos futuros a partir de los astros, plantea necesariamente la negación de la libertad humana, de la Providencia divina, y afirma, por el contrario, el fatalismo y el predestinacionismo absoluto. Por ello, la astrología puede constituir herejía (si presupone la negación de la libertad y la Providencia), superstición e idolatría (si conlleva la adoración de los astros), o simplemente vana observancia, es decir, el recurso a medios desproporcionados para obtener un efecto en sí mismo natural (como en el caso de las consultas a los modernos horóscopos).
En cuanto a los horoscoperos, adivinos y astrólogos (licenciados o no en ciencias ocultas y parapsicológicas), hay que decir que la gran mayoría son vividores que se aprovechan de la credulidad de mucha gente (¿No dice el libro del Eclesiástico 1,15: el número de los necios es infinito?). Otros, forman parte convencida de la moderna seducción por el ocultismo, de la fascinación por lo misterioso y de la búsqueda de lo asombroso como alternativa a su fe superficial o vacía.
Algunos, por último, practican la astrología como parte del culto a los demonios, y es por la intervención de éstos últimos que algunos "astrólogos" son capaces a veces de "precedir" algunos hechos futuros, por cuanto los demonios a quienes recurren, siendo ángeles caídos, conocen mejor que los hombres la relación entre las causas y los efectos naturales, así como tienen una gran experiencia del obrar humano, con sus debilidades y miserias. Pero todas sus "predicciones" sobre los actos futuros libres de los hombres no son más que conjeturas.
La Iglesia ha hablado sobre este tema desde lo antiguo condenando la creencia en la astrología; en el Concilio de Toledo del año 400, o el Concilio de Braga del 561, por citar algunos ejemplos. El juicio del Magisterio de la Iglesia puede resumirse en lo que dice el Catecismo de la Iglesia: "Todas las formas de adivinación deben rechazarse: el recurso a Satán o a los demonios, la evocación de los muertos, y otras prácticas que equivocadamente se supone 'desvelan' el porvenir. La consulta de horóscopos, la astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios y de suertes, los fenómenos de visión, el recurso a 'mediums' encierran una voluntad de poder sobre el tiempo, la historia y, finalmente, los hombres, a la vez que un deseo de granjearse la protección de poderes ocultos. Están en contradicción con el honor y el respeto, mezclados de temor amoroso, que debemos solamente a Dios".
Todo género de adivinación, en definitiva, nace de la falta de fe en el Dios verdadero; y es el castigo del abandono de la auténtica fe. Por eso, en uno de sus cuentos escribía Chesterton: "La gente no vacila en tragarse cualquier opinión no comprobada sobre cualquier cosa... Y esto lleva el nombre de superstición...
Es el primer paso con que se tropieza cuando no se cree en Dios: se pierde el sentido común y se dejan de ver las cosas como son en realidad. Cualquier cosa que opine el menos autorizado afirmando que se trata de algo profundo, basta para que se propague indefinidamente como una pesadilla. Un perro resulta entonces una predicción; un gato negro un misterio, un cerdo una cábala, un insecto una insignia, resucitando con ello el politeísmo del viejo Egipto y de la antigua India... y todo ello por temor a tres palabras: SE HIZO HOMBRE".
En conclusión, si uno recurre a las prácticas astrológicas o consulta los horóscopos, creyendo seriamente en ello, comete un pecado de superstición propiamente dicho (pudiendo, incluso, llegar a la idolatría); si lo hace sólo por curiosidad y diversión, no hace otra cosa que recurrir a un pasatiempo fútil, que va poco a poco desgastando peligrosamente su fe verdadera. Si lo hace para granjearse la "protección" de los demonios, comete un pecado de idolatría diabólica, y tal vez tenga que decir alguna vez con el poeta Goëthe: "No puedo librarme de los espíritus que invoqué". -
La cuestión ha sido planteada minoritariamente por eclesiásticos que han creído interpretar el sentimiento de algunas mujeres de nuestro tiempo, y ha dado lugar a los inevitables comentarios de una prensa ávida de noticias sensacionales, presta a encontrar fisuras en el cuerpo de la Iglesia.
Los propugnadores del sacerdocio femenino han buscado argumentos de índole muy variada para apoyar su propuesta. Entre todos ellos, se pone especial énfasis en aquellos que manifiestan mayor seriedad.
1) Adecuación de la Iglesia a las características de la sociedad moderna
Tras siglos de opresión, la mujer se sitúa hoy en una actitud reinvindicadora (el deseo de otorgarles el sacerdocio no procede, sin embargo, de una actitud de emancipación feminista, sino que ha sido promovido por eclesiásticos principalmente). La Iglesia debe acoger institucionalmente y a todos los niveles esta actitud, y superar así su pasado antifeminista.
Aquí, es fácilmente observable tan sólo una concepción humana de la Iglesia, como si ella pudiera rectificar su esencia constitutiva. Su estructura fundamental no deriva de la sociedad, o de la cultura, o de la mentalidad de su tiempo. La Iglesia no puede pretender hacerse creíble o aceptable para los hombres a base de dejar de ser lo que es, aunque hubiese una opinión mayoritaria que lo reclamara: como Cristo, será siempre al no de contradicción, necedad para algunos y escándalo para otros, fiel a la voluntad divina expresada por la Revelación, conservada en su fe y en su vida de modo continuo y homogéneo, por veinte siglos, con la asistencia del Espíritu Santo.
2) Igualdad de derechos entre el hombre y la mujer.
Es muy justo hablar de igualdad de derechos del hombre y de la mujer en la sociedad civil, en base a su condición de personas, y en base a que la naturaleza humana es una y la misma en el hombre y en la mujer. También es muy justo hablar de la igualdad radical de todos los fieles en Cristo: igualdad en su común dignidad de hijos de Dios por la gracia, igualdad en la vocación universal a la santidad y a la bienaventuranza en el Cielo, igualdad también del deber fundamental de cooperar activamente en la salvación de las almas. Todo eso comporta también una cierta igualdad de derechos en la Iglesia (aunque aquí conviene usar de una cierta cautela al hablar de derechos: porque, en este orden sobrenatural, dependen de lo que Dios haya querido libremente concederle. Todos los fieles-el varón como la mujer-han sido igualmente regenerados por Cristo en el bautismo y hechos participes de su misión salvadora.
Sin embargo, ningún fiel-ni varón ni mujer-tiene realmente ningún derecho al sacerdocio ministerial. Como en el caso de la elección de los apóstoles y del apóstol de las gentes, es Dios quien llama al sacerdocio a quien quiere, cuando quiere y como quiere: "Nadie se arrogue esa dignidad, si no es llamado por Dios, como Aarón".
El orden sagrado no está en la linea de los derechos de los fieles, no es como el desarrollo normal del sacerdocio común de todos. El sacerdocio ministerial es un don peculiar, por el que Cristo asume a algunos para que obren en Su nombre con Su autoridad, para prestar a la Iglesia un ministerio peculiar .Como gratuitas y no debidas a los hombres fueron la Encarnación y Redención, gratuitas y no debidas son las condiciones establecidas por Dios para escoger a algunos para el ministerio sacerdotal.
Esto no se opone a la igualdad fundamental de los fieles, ni divide a los cristianos en dos categorías: argumentar de otra modo conduciría a un clericalismo demagógico, como antes tuvimos otro seudoaristocrático. La Virgen Maria, venerada con un culto especial, muy por encima de los santos, nunca tuvo un grado jerárquico en la Iglesia.
3) La prohibición procede de una cultura y una mentalidad paganas.
Los propulsores del sacerdocio femenino argumentan que Cristo eligió sólo hombres por los condicionamientos sociales de la época y la influencia de la mentalidad pagana. La elección de varones sería simplemente un hecho histórico superable. Además, pese a las influencias paganas en la primitiva cristiandad-añaden-, se confirieron determinados ministerios a mujeres.
El Señor escogió como apóstoles a doce varones. Le seguían y servían mujeres-algunas más fleles y enérgicas que los apóstoles-, pero no las llamó al ministerio sacerdotal. Quienes piensan que Cristo se dejaba influir en ello por el ambiente, muestran, además de una actitud irreverente, una total incapacidad para conocerle: los Evangelios dan testimonio más que suficiente de su superioridad sobre los condicionamientos externos.
Por otra parte es gratuito afirmar que la elección exclusiva de varones fue un hecho y no manifestación de una voluntad expresa y perdurable: la Revelación se nos comunica con palabras y con obras, y además no sólo consta en la Escritura, sino también en la Tradición, y según la proposición autorizada del magisterio unitario y permanente.
La alusión a que la mentalidad pagana dificultaba la elevación de la mujer al magisterio sacerdotal, está mal traída, porque no es cierta: precisamente en el mundo pagano contemporáneo de la Iglesia primitiva eran frecuentes las sacerdotisaa, las vestales, etc., y, en cambio, las diaconisas de la Iglesia sólo realizaban oficios asistenciales, de preparación catequética, etc. No hay precedente alguno sobre el sacerdocio de la mujer.
4) La madurez del laicado.
El reconocimiento del valor del sacerdocio común de los fieles, la corresponsabilidad de todos los cristianos en la misión única de la Iglesia, exigen la presencia activa de la mujer en todos los ministerios eclesiásticos. Los que así argumentan dicen que el problema consiste simplemente en dar todo su verdadero valor al sacerdocio común de los fieles. Ha llegado el momento histórico-concluyen-de que la comunidad confíe a cualquiera de sus miembros, según las circunstancias, cualquier ministerio y presidencia sin discriminación alguna.
Se revela aquí una óptica clerical que lleva a concebir el sacerdocio ministerial como un ascenso en el escalafón eclesiástico, como una potenciación de la vocación cristiana, como la meta-en fin-de un carrera, ignorando la realidad eclesial y sumamente eficaz de una existencia cristiana plenamente secular.
De ahí que el Santo Escrivá de Balaguer, que ha dedicado su vida a defender la plenitud de la vocación cristiana del laicado, de los hombres y de las mujeres corrientes que viven en medio del mundo, y por tanto a procurar el pleno reconocimiento teológico y jurídico de su misión en la Iglesia y en el mundo, se haya sentido impulsado a señalar que el cristiano corriente, hombre o mujer, puede cumplir su misión específica, también la que le corresponde dentro de la estructura eclesial, sólo si no se clericaliza, si sigue siendo secular, corriente, persona que vive en el mundo y que participa de los afanes del mundo.
Pero, además, el argumento aludido revela también la confusión entre el sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial, error que se incluía ya en el repertorio herético de Lutero. La diferencia esencial, y no de grado, entre ambos, ha sido manifestada frecuentemente por el Magisterio Eclesiástico.
Hemos considerado los principios fundamentales que responden a los argumentos más significativos; podrían añadirse otras razones de conveniencia, pero serian accidentales: lo que importa esencialmente es cómo Dios ha dispuesto las cosas; Dios ha dispuesto los miembros en el cuerpo, que es la Iglesia, y sólo Dios sabe las razones que tuvo para hacerlo. -
Hay algunos que piensan que los católicos "adoramos" a María ¿Es eso cierto?
1. Desde el designio divino
Dios manda alabar a María. El ángel Gabriel enviado por Dios saludó a María con estas palabras: "Alégrate, llena de gracia, el Señor es contigo" (Lc 1,28). Dios Padre ha querido asociar a María a la realización de su Plan de Reconciliación. Es así que María está asociada a la obra de su Hijo, el Señor Jesús. No es un simple capricho o exageración el reconocer la maternidad divina de María. El misterio de María está íntimamente unido al misterio de su Hijo. En Ella "todo está referido a Cristo", subordinado a Él. María no tiene naturaleza divina y todos sus dones le vienen por los méritos de su Hijo, y no por ello deja de ser una mujer única, con dones únicos para una misión muy particular en la historia.
La cooperación de María en la obra de la Reconciliación. Para ser la Madre del Salvador, María fue dotada por Dios con dones a la medida de su importante misión; ella es la "Llena de gracia". Sin esta gracia única, María no hubiera podido responder a tan grande llamado. Ella es Inmaculada, libre de todo pecado original, en virtud de los méritos de su Hijo (LG 53).
Los relatos evangélicos presentan la concepción virginal como una obra divina que sobrepasa toda comprensión y posibilidad humanas (Catecismo de la Iglesia Católica n. 497). María es, pues, una mujer muy especial, dotada por Dios para ser Madre del Redentor, Madre de Dios.
2. Testimonio de las Escrituras
Los Evangelios nos la presentan como activa colaboradora en la misión de su Hijo. En Belén da a luz a Jesús, lo presenta a los pastores, a los Magos y en el Templo; convive con Él treinta años en Nazareth; intercede en Caná; sufre al pie de la cruz; ora en el Cenáculo. Por tanto, hacer a un lado a María, separarla de Cristo, no es lo que la revelación enseña. Si los Reyes Magos adoraron a Jesús en brazos de María, ¿será idolatría imitar su ejemplo?
3. En la vida de la Iglesia
La Iglesia nos presenta a María como Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora. "Pero todo esto ha de entenderse de tal manera que no reste ni añada nada a la dignidad y eficacia de Cristo, único Mediador" (S. Ambrosio). La luna brilla porque refleja la luz del sol. La luz de la luna no quita ni añade nada a la luz del sol, sino manifiesta su resplandor. De la misma manera, la mediación de María depende de la de Cristo, único Mediador.
El culto a María está basado en estas palabras proféticas: "Todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi maravillas el Poderoso" (Lc 1, 48-49). Ella será llamada bienaventurada, no porque su naturaleza sea divina, sino por las maravillas que el Poderoso hizo en ella. Así como María presentó a los pastores al Salvador, a los Magos al Rey, para que lo adoraran, le presentaran dones y se alegraran con el gozo de su venida, así el culto a la Madre hace que el Hijo sea mejor conocido, amado, glorificado y que, a la vez, sean mejor cumplidos sus mandamientos. María nunca busca reducir la gloria de su propio Hijo; todo lo contrario, y así es como lo ha entendido la Iglesia desde los primeros siglos, cuando oraban al Señor los discípulos en el Cenáculo en compañía de la Virgen Madre (Hch 1,14). -
The best athlete is, the fastest for something, for Christ because he saved my humanity.
El mejor atleta es decir, el mas rápido para algo, para mi Cristo porque salvo la humanidad. -
si, es pecado mortal, atenta contra el 6º y el 9º mandamiento (cometer actos impuros y consentir pensamientos impuros). Yo no soy nadie para decirte lo que debes hacer pero aconsejo hablar con un sacerdote.
Para que un pecado sea grave, se tiene que dar tres condiciones:
1.- que haya materia grave (que si la hay, como te ha apuntado four, muy acertadamente)
2.-que haya plena advertencia (eso solo tu lo sabes)
3.- y perfecto consentimiento. Y ésto tambien solo tu lo sabes.
A veces se da la circuntancia de que alguna de esas tres condiciones no se dan, entonces no es pecado mortal.
De todas las maneras si vas a comulgar yo te aconsejo que ántes te confieses como lo que es: SI dudas con tus dudas, si ciertezas como tal.
Por que para acercarse a comulgar uno tiene que estar en Gracia de DIos.
Caigo en la cuenta ahora, que preguntas tambine sobre ver pornografía:
Los católicos tenemos claro el sexto y el noveno Mandamiento de la Ley de Dios:
No cometerás actos impuros
No consentirás pensamineetos ni deseos impuros:
Creo que está claro.
SI los ojos son el espejo del alma, y uno se dedica a mirar pornografía más pronto o más tarde esas imágenes revertirán en tentaciones, y volviendo al post anterior, nos hemos metido nosotros solitos en ella: no hemos necesitado demonio que nos tiente, por tanto sería un pecado grave de impureza.
Y no, no se puede comulgar .
Es como si tuvieras de invitado al Rey, y en vez de adecentar tu casa, aunque sea humilde (limpiarla asearla) metieras toda la basura en ella, vamos, como una pocilga que se diría en mi pueblo (que es el cobertizo de los cerdos). -
1. El acto sexual entre los esposos es sagrado, porque ambos participan del poder creador de Dios. El hecho de sentir placer es algo secundario, y cuando se invierte el orden estas cosas pasan.
2. Cuando el acto sexual está abierto a la vida, es decir, a la posibilidad de tener un hijo, Dios bendice esa relación. Pero cuando en un acto sexual se ensayan cosas que no hacen el acto santo, puro, de respeto y abierto a la vida, se desvía la finalidad del mismo. Decir que todo está permitido en el acto sexual no es correcto, porque se denigra a la persona. Se convierte el otro en un mero objeto de placer, y esto no se debe permitir.
3. Creo que deben hablar en serio sobre el tema. Les encomendaré en mis oraciones. -
tomate tu tiempo, ve en tu corazon la verdadera respuesta de Dios.
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1. Bueno, la verdad que el Internet nos acerca a tantas cosas...
2. Por supuesto que es preferible visitar al Señor personalmente en el Sagrario, y si no se puede hacerlo en persona, uno lo puede hacer espiritualmente. En el caso que preguntas, creo que también es válido y no negaría que Jesús te bendijera. Nunca se me había ocurrido, aunque yo personalmente no lo haría. Es una opinión personal. -
asked by dfgo
1. Es fácil juzgar a la Iglesia con los parámetros actuales, y eso me parece injusto.
2. Hablas como si la Iglesia y aquellos hombres de aquella época solo hicieron el mal, sin tomar en consideración la cantidad enorme de cosas buenas que se hicieron, incluyendo la fe de Cristo, que es la única que salva.
3. Es verdad que los nuevos ídolos (que no son nuevos para nada) dañan nuestras culturas actuales, incluyendo a clérigos. Pero de esos pecados del pasado por parte de la Iglesia, el Papa Juan Pablo II pidió perdón. No se dónde estabas, o qué cosas leías cuando él pidió ese perdón y esa noticia corrió por el mundo entero.
4. La Iglesia no se avergüenza de pedir perdón, y se ha sentido involucrada en los pecados de sus hijos. Lo que me parece es que tú no te ves involucrado, porque todos somos responsables por nuestros pecados personales de todo lo que ha sucedido y sucede hoy. Más que culpar a los demás, es más saludable hacerse un "mea culpa" y sacar el propósito de hacerlo mejor. ?No te parece? -
Porque se comenten errores, como pensar que una vez la relación ha adquirido cierta solidez o cierto tiempo, ya se es dueño de la otra persona, o viceversa.
Porque el hombre se aburre de la mujer cuando ésta comienza a volverse cantaletosa (molesta) y la vida en el hogar se convierte en un infierno. Ahí ya se ha roto la comunicación.
Porque la mujer se aburre del hombre cuando éste la mira como el reemplazo de su madre, la niñera de sus hijos, la cocinera, la lavandera y el ama de llaves; y para completar la quiere dispuesta en la cama y entrando dinero al hogar igual que él.
Porque al conocerse se muestran falsos comportamientos, como tolerancias excesivas y verdades a medias.
Porque cuando hay problemas generalmente ninguno quiere dar el brazo a torcer.
Porque se dejan de expresar las cosas que gustan del otro asumiendo que ya lo sabe.
Porque los seres humanos están convencidos que es normal que con los años las relaciones de pareja se deterioren, cuando es todo lo contrario; con el tiempo si se toman sabias acciones, el amor crece, y al hacer el amor, este se hace con más conciencia y plenitud.
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