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Lo tengo que releer imperiosamente, querido. No sabes qué lejano me queda en la memoria.
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El amor interespecies es una cosa fantástica.
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Habrá que seguirle, pues. Lo mío -no exactamente literario, es más cajón de sastre- está aquí.
http://besarteenundelorean.blogspot.com -
Si salvar el tejido espaciotemporal y la humanidad entera dependiera de ello, probablemente me pondría unas pinzas en la nariz y lo haría.
Ahora, leer otra vez el libro de S. Pámies, no, rotundamente no. -
Tengo una habilidad extraordinaria para imitar a gente con síndrome de tourette y/o disminuidos psíquicos.
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La semántica es como el carné de identidad, querido amigo. "Mierda", "Cagarreto"... piénselo ¿no estará usted proyectando en mí cierto problema con su reecto o con su tracto intestinal?
¡Felicidades a usted también por dedicarme tanto tiempo! -
Mmmm, creo que se parece a cierto malestar -o escalofrío- que sentí hace años cuando paseaba por la plaza de Jacinto Benavente. Acababan de cambiar el nombre del teatro de la plaza por Teatro Hägen Daz, y la obra en cartel era un musical del Diario de Anna Frank. Creo que no hace falta decir mucho más.
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Creo que el mundo en realidad no funciona por esas leyes tan oscuras -como la mitología sobre "publicar" y lo "difícil" que resulta-, en las que nos hacen creer. Yo nunca he publicado por enchufe, y le aseguro que muchos de mis amigos con publicaciones en editoriales medianamente serias, tampoco.
No es que el mundo editorial carezca de manejos y funcionamiento poco transparente, desde luego, pero tampoco es un paisaje apocalíptico en el que sólo publica el que tiene contactos.
Otro asunto es el networking, que, como en todo campo profesional existe y debe ejercerse. Sólo los ilusos románticos, los escritores con complejo de inferioridad esconden sus miserias o su incapacidad en argumentaciones torticeras. "El mundo no me comprende". "Todo es una mafia donde triunfan los conejos de dientes largos y las chicas con tetas".
Me pregunto por qué lógica marciana voy a enviar un manuscrito a la buena de Dios si, en realidad, conozco al editor y se lo puedo pasar directamente (que no significa que me vaya a leer rápido ni a decirme que sí, pues otros tantos como yo, sean amigos, conocidos se han aproximado a él con las mismas intenciones).
Usted tiene que contar con que una editorial desconocida recibe un número considerable de manuscritos a la semana, y una editorial, sea mal llamada "independiente" o con peso, ya no le quiero ni contar. Tiene usted que contar asimismo con el lector que tiene que echarle un vistazo a un cuarto colmado de montañas de manuscritos (execrables en un gran porcentaje), al informe, al segundo informe, al sí del editor... ¿Si es difícil? Es dificilísimo. Ahora, no es imposible. Los libros, si son buenos o comerciales y dignamente escritos, suelen encontrar acomodo. Es, casi casi, como la ley de la gravedad. -
Me deja usted con el culo torcido, como quien dice, que no es una metáfora de arquitectura o geometría precisamente. La verdad es que no sabría que contestar, pero le diré que tengo un magnífico bigote, el equivalente al "estamos en aguas internacionales" de cualquier ficción y que, por supuesto, me exonera de culpa o responsabilidad alguna.
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Mi consejo es que es beneficioso para cualquier escritor recibir más de cinco cartas de rechazo a lo largo de su vida, para que vaya conociendo Lo real. Pero si uno tiene la posibilidad y los contactos adecuados, es evidente que la segunda opción resultará mucho más llevadera que esperar la respuesta formal de una editorial.
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El costumbrismo no, el realismo, entendido como ideología, tensión y proposición de lectura sobre la realidad, sí, mucho. Cada vez más.
Sí es cierto que lo prefiero con aplicación práctica sobre ciertos temas, como puedan ser los tabúes, el lenguaje, la violencia, la corrupción, el mal... y casi siempre me interesa que desborde su propio propósito y resulte excesivo o incómodo. Va más con mis intereses algo como The wire, o Crematorio, o Operación Masacre, antes que una inocua novela sobre la guerra Civil. -
Creo que todo está cambiando y que ningún autor, salvo un superventas, debería dar nada por seguro. Puede que tenga problemas para encajar los próximos proyecto, puede que resulte sencillo... ¿quién lo sabe? Ahora mismo estoy más interesado en reflexiones sobre estructura y discurso de las cosas que voy escribiendo que en una posible colocación. A mí me costó publicar exactamente dos años enteritos y verdaderos en los que no dejé de mover mi primer libro por canales diversos. Y con el segundo, creo que el asunto se acercó al año y ocho meses. La mayoría de la gente no aguanta seis meses. También ahí se mide la vocación y las nociones de éxito y fracaso.
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Veo la cara de papá piquillo cuando abro una lata de pimientos del supermercado.
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Supongo que depende de la chica pero, por fortuna, las que yo me ligo muchas veces no son aficionadas a escribir. Si lo hicieran, tampoco me parecería capital que lo hicieran con criterios parecidos a los míos y, por tanto, no tengo que adularlas. Adular por adular es de virtuosos y santurrones. Si uno va a pecar de poco virtuoso, que sea en otro contexto, digo yo.
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Me temo que mis conquistas se dieron de puertas de la fundación para afuera.
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No he leído sus queridos diarios, pero mi apuesta sería por un "no".
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¿Las reglas no están para romperlas a espaldas de la autoridad?
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El sitio es demasiado grande como para que retumben las paredes. Lo de follar como monos se ha dado, pero asincrónicamente, cada uno cuando sacaba un rato.
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Me gusta más decir cosas como "trae aquí tu culo negro y vamos a cargar las escopetas".
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No recuerdo que en los últimos tiempos ningún gay se haya abalanzado sobre mí; y en cuanto a las chicas, me temo que soy un currito de la construcción amorosa y habitualmente salgo a fundar Nueva York yo mismo.
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Matías Candeira’s Bio
1984. Guionista, escritor, simpático y humornegrista. "La soledad de los ventrílocuos" (Tropo editores, 2009) y "Antes de las jirafas" (Páginas de espuma, 2011). Prepara una novela corta sobre personas a las que se les caen partes del cuerpo.



