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Nunca. La resignación es una presa. Solo sirve para acumular.
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Llorar y enamorarme.
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Yo quiero un Florentino Ariza en mi vida. Eso quiero.
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Los celos son esos espejos que deforman y te hacen ver gorda, demasiado así o demasiado asá. Son divertidos para un rato, pero si te pasas, lo mismo te vuelves esquizofrénica y te ves a ti misma persiguiéndote por todas partes, y tienes pesadillas, y uf. Muy mal, querida.
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Un hombre con sombrero y dos tazas de té en un jardín.
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Que debería disfrutar más y mejor de todo, preocuparse más por ella misma y menos de los demás, permitirse querer sin miedo, arriesgar, dejarse llevar, confiar en sí misma, esforzarse en crecer por dentro.
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A mí misma. Y apuesto lo que sea a que no voy a llegarme nunca. No hago más que perderme por el camino...
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Unas manos.
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Te recomiendo una caricia insistente sobre el hueso de la cadera, tumbada en el sofá mientras tomas un té o cualquier cosa calentita.
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Quisiera poder celebrar muchas cosas que han quedado atrás si que nadie se de cuenta. Celebrar cosas que solo sé yo. O con otra persona implicada pero sin decir nada, que también se puede.
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Estoy jugando al escondite. Ssssshh...
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Siempre. De cualquier cosa. Todos los días. N todas las comidas. Ojalá.
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En la pregunta está la respuesta.
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Hace el mismo frío, solo que la calidad del frío por desconocimiento es claramente peor. De esos que no se curan.
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Para mí las tazas de café llenan los momentos de tristeza, no los días. Entonces en uno de esos me suelen caber cerca de siete, bien distribuídos.
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La que he dado yo, entiendo.
"Nunca he recibido de ti lo que esperaba" -
Cuando pienso en ti, querida, siempre te imagino tumbada con ese vestido de tu avatar boca abajo en mi cama, dormida, con el pelo esparciéndose por la almohada y brillando con los rayos de sol que entran por la ventana.
Me imagino tumbándome yo desnuda también a tu lado, pasándote despacio la mano por la cintura para acercarte a mi.
Tú te mueves como una gatita, me pasas un brazo por encima y pegas tus labios a los míos. Y sigues durmiendo. Y yo no me muevo porque no quiero despertarte.
Y así es como tú me harías el amor a mí. -
Nada. Las compenso con mi sexo sobrenatural.
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Los huevos cocidos solo los disfruto si están calientes, enteros y puedo cogerlos con las manos y comerlos a mordiscos.
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En realidad aún no sé cuál es el motivo por el que los llevo, pero no sería capaz de prescindir de ellos. Cada vez que los pierdo me angustio. Algún día tendré que profundizar en esto, pero supongo que han pasado a formar parte de mí y son de las pocas cosas que puedo controlar con mi voluntad para no perderlas.
Llevo uno en el ombligo, uno en la nariz y uno en la oreja izquierda.
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