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¿Cómo eliminarías la fatal maldición de "Te ha salido un pollo en la cabeza", sabiendo que no puedes librarte del pollo -ni matarlo- de ningúna forma convencional?
Hagamos un ejercicio de traslación de una de las situaciones más habituales que se dan en el mundo de la publicidad a este escenario que me planteas. Me refiero a ese caso típico en el que el anunciante le dice a la agencia que quiere rejuvenecer el target. Es decir, que quiere que le compren sus productos todos aquellos que son jóvenes y además molan. Eso es un error. Cada marca tiene su público y éste, a su vez, no tiene porque ser cool ni sofisticado. Es el que es. Simplemente. Por ejemplo, por mucho que las clínicas Vitaldent pretendan captar tipos de una clase social alta, su perfil de consumidor es todo lo contrario ya que su propuesta de valor es la democratización del dentista, por decirlo de algún modo. Dicho todo esto, a lo que te voy es que si me sale un pollo en la cabeza, lo aceptaré sin más. No intentaré acabar con él. Porque como dijo un amigo mío argentino, pídeme cualquier cosa pero no me pidas que deje de ser argentino. Pues esto es igual. Pídeme cualquier cosa pero no me pidas que me libre del pollo.
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