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    1. Jorge C.

      ¿Qué opinas de Oscar Loyo y su aprendiz Norihiko?

      Según yo, y abunda la evidencia que lo respalda, Óscar González (Loyo) es un pobre hombre, muy perturbado: Padece esquizofrenia crónica y no recibe tratamiento de ningún tipo, al contrario, ha fundado una secta con algunos seguidores que fomentan sus creencias, (que hay extraterrestres en el fondo de la tierra, que ha viajado en nave espacial, que él es la reencarnación de un astronauta, que los extraterrestres tienen sexo con los dedos, y una retahíla interminable de sandeces por el estilo, (se pueden ver algunas recopiladas aquí: http://www.kronikaskuadradas.com/search/label/la%20saga%20de%20macross), todas muy graciosas y dignas de un petardo de primera.

      En realidad le tengo cierto cariño porque me hace reír mucho (involuntariamente), y gracias a él el medio del cómic en México se ha unido (en su contra). Hay muchas cosas que le critico: que no le pague un peso a sus empleados, que desinforme a la gente sobre lo que se puede o no hacer con el cómic, que mienta flagrantemente (en general todo lo que dice son mentiras o verdades a medias), que denoste a los homosexuales; pero como se puede apreciar, es un personaje prominente, aunque sólo interprete el papel de bufón.

      Por otro lado, a Norihiko lo considero sólo un pobre diablo: Es bueno para ser troleado, no más.

    2. Edgar Clement

      ¿has comido verdolagas?

      Verdolagas en papas de calabaza, te picará al entrar porque lleva chile y clavo, pero te gustará el plato.

    3. Edgar Clement

      ¿Alguna anécdota de su experiencia como porro?

      Uy.
      Una intensa etapa de mi vida.
      Mas que anécdota trataré de contarte mi experiencia.

      A'i les voy, cabroncitos.

      ...

      Como todos los que salen de la Secundaria, no tenía ni puta idea de qué estudiar. En un intercambio de regalos me habían regalado un avión para armar y el modelismo se había convertido en mi pasión. En los tests de orientación vocacional, por declarar mi amor por la Física y el Dibujo Técnico el resutado era: Ingeniería. Creí que podría estudiar Ingeniería.

      En ese tiempo, mi hermano Chucho cotorreaba con los porros del turno vespertino de Vocacional 7.

      ¿Quieres estudiar Ingeniería? Te puedo meter a la Voca. Acompáñame.

      Lo acompañé: fue la primera vez que ví porros en mi vida. En la explanada alrededor del Palacio de los Deportes caminaba con mi hermano acompañando a un grupo de cabrones, una pandilla de vándalos que se metían a donde querían y obtenían lo que querían. Las filas eran para hacer el exámen de admisión a Vocacional. A punta de intimidaciones en un rato ya tenía mi forma de exámen en la mano y ya estaba formado entre los primeros de la fila para hacer el exámen. Muchos de los que estaban formados allí donde yo estaba habían pernoctado ahí mismo para tener buen lugar y entrar al plantel que pedían y no tener que ser sometidos a sorteo. Pero mi hermano y los porros me metieron allí, entre los primeros. Nadie dijo nada, si alguien se quejaba le llovería una bola de madrazos. Fue la primera vez que ví a la porra en acción.

      Me quedé en Vocacional 7, Cuauhtémoc, en Santa Marta Acatitla. La Vocacional es un bachillerato técnico, además del bachillerato se elige una carrera técnica. Elegí soldadura, mi otra opción para dedicarme en la vida era como buzo soldador en PEMEX. Pero no me quedé en Soldadura, me quedé en Máquinas Herramienta. Me gustó el plantel, tenía hasta alberca. Ya después ví en detalle que si bien la escuela tenía todo, pocas cosas funcionaban. Pero de entrada me gustó. Otra cosa que no me gustó mucho es que sólo había 5 mujeres en la escuela: 2 en el turno vespertino y 3 en el matutino. Yo estaba en el turno matutino, y con la fortuna de que las 3 únicas chicas del turno estaban en mi grupo.

      Empecé a adquirir el gusto por vestirme bien, o con la idea que yo tenía de "vestir bien", según la moda de esos días: era jodidón, así que pantalón de pinzas, sudadera de Mickey Mouse y zapatos Crayons; sí, ya sé que es horrible, pero era la moda de la época. Cuando ya se tenía más dinero: pantalón de mezclilla strecht entubado marca Sasson o Jordache, chamarra deportiva o militar como las de Rambo, y desde luego tenis Nike, o en su defecto Pony de tachones, o cualquier tipo de tenis de marca gringa que en ese tiempo no llegaban a México, más que de fayuca. Yo no tenía dinero, de vez en cuando algún sonidero me compraba un dibujo para propaganda en 20 pesos. En su mayor parte el dinero me lo seguían proporcionando mis padres. Mi hermano Chucho otra vez intervino. Los porros del turno vespertino pertenecían pertenecían a la JP (Juventudes Populares) del PRI, y se les entregaban algunas becas alimenticias del CREA (Consejo de Atención a la Juventud o algo así), y mi carnal me consiguió una. Y así, rascando aquí y allá un día logré comprarme mis primeros tenis gabachos: unos Kangaroo, que son australianos, ni siquiera gabachos. Pero ya había cambiado mis pedorros Crayons por unos Kangaroo. Para mí representaron progreso.

      Cuidaba los tenis con toda mi alma, los lavaba y zurcía con gran esmero. Se acabaron. Me quise comprar otros tenis, ya me entraba más dinero dibujando para sonideros y me compré unos Mizuno para Voleyball. Mismo espero y cuidado: la vida giraba en torno a los tenis y un día El Momia, un porro algo violento me los atracó. Me pescó a la entrada de la escuela, y a la vista de todos me acomodó una madriza y me quitó los tenis. A cambio me dió los suyos, unos tenis tan madreados de marca ya indistinguble y que estaban a punto de romperse de las suelas.

      Luego, El Blackcito. El Black Shadow era uno de los porros más pesados del turno vespertino, eran unos 10 los más pesados y nadie se metía con ellos. El hermano menor del Black Shadow, El Blackcito, me agarró de su puerquito. Sin más llegaba y me pasaba báscula, me quitaba todo mi dinero y hasta ropa me llegó a quitar. Yo ya estaba medio hasta la madre.

      En mi salón iban dos de los que con el tiempo serían de los porros pesados de Vocacional 7. El Caballo y el Coco, por Cocodrilo, que también lo conocían por El George. Me caían bien, les ayudaba en las tareas y cuando no tenían varo les pasaba algo.

      El Caballo vivía por la Vicente Guerrero, una unidad pesada... pero bueh... ¿qué pinche unidad habitacional no es pesada en Iztapalapa-Iztacalco? El Caballo era uno de los porros más violentos, me tocó verlo madrear gente y me aterraba la manera como le desfiguraba el rostro al repartir madrazos. El Caballo golpeaba con ira, con un infinito resentimiento, con ganas de matar la vida. Una vez me contó que su padre le propinaba golpizas estrellándole la cabeza en la pared. A veces lo encontraba a primera hora en la Voca, llegaba tenprano porque le había tocado ir a la leche de la Conasupo. En general El Caballo era una buena persona, le gustaban los niños, jugaba cascaritas con ellos y los protegía y protegía a sus amigos, a mí me protegía. Aunque luego tenía un sentido del humor pesado, me sacaba su navaja o su picahielo con el que asaltaba y me la ponía en el cuello, y luego de ver mi cara cagándome del miedo estallaba en carcajadas y guardaba su filo. Fue El Caballo quien me alentó a defenderme del Blackcito. Una vez lo topé en la parada del autobús, no tenía dinero.

      ¿No tienes que me des para el pasaje, Loquito?
      No, ca'. Me dió baje el pinche Blackcito.
      No mames, no te dejes de ese pendejo.
      No le tengo miedo a él, sino a su hermano.
      No, que chingue a su madre. Mándalo a la verga y si la hace de pedo lo picamos.
      Bueno... pues a'i pa'lotra.
      ¿Tonces no tienes varo?
      No, wey. Voy a talonear.

      El Caballo se desapareció. Yo me puse a talonear a los conocidos que llegaban a la parada del camión. Nadie me dió nada. Después de unas horas me resigné a irme caminando hasta Neza. Apareció El Caballo.

      ¿Qué onda pinche Loquito, todavía sigues aquí?
      Ya me voy.
      No conseguiste nada, ¿verdad?
      Nel.
      Toma. De su bolsillo sacó unos billetes y me dió 20 varos.
      ¿Y ésto? Tú tampoco tenías varo.
      Le acabo de dar baje a un cabrón. Ya vete.

      Ese era El Caballo. Con el tiempo se hizo uno de los porros más pesados de Voca 7.

      El Coco era otro que empezó conmigo en el salón. Callado. Un chavo banda banda, así como Los Panchitos, pero del rumbo de la Penitenciaría del DF, de hecho vivía en el cerro de enfrente de la Peni. ¿O allí vivía El Caballo? Bueh... digamos que El Coco venía de allí. Su risa era grotesca, casi un gruñido. ¿Alguien vió Mad Max 2? El Coco era como el chavito salvaje del boomerang. De hecho alguna vez lo comparamos y se emputó. Por su risa de cocodrilo le pusimos El Cocodrilo, El Coco. Después le entró a la porra, y se hizo un atracador cabrón, en un año pasó de ser un chavo banda a ser El George, con vocho y tenis Nike. Le emputaba que le dijeran El Coco, solo nos dejaba seguirle diciendo El Coco a Agustín, al Chichestrejo y a mí, que fuimos quienes así lo apodamos. Callado, El Coco no hablaba, era muy reservado. Sabíamos que asaltaba Conasupos porque un día le preguntamos que de dónde sacaba varo. Pues atracando Conasupos, y nos lo dijo así, como si hubiera dicho: pues vendiendo paletas. El Coco venia seguido a pedirme dibujos para estampar en playeras. Nunca me negué, me gustaba dibujarle a El Coco, me caía bien.

      Fueron El Caballo, El Coco y El Secre quienes le dijeron al Blackcito que me dejara en paz. El Blackcito se quedó callado, y no volvió a meterse conmigo.

      ...

      Fue El Caballo quien me puso el apodo de El Loquito, quizá la gente encuentra algo de extravagante en mi comportamiento porque tuve el mismo apodo en la Secundaria. Tas bien pinche loco, me dijo un día que estaba yo acostado a mitad de la explanada de la escuela mirando el sol a través de un vidrio de soldador. Y me bautizó como El Loco, pero como en el turno vespertino había un porro al que le decían El Loco, pues acabaron llamándome El Loquito para diferenciarme de aquel.

      El Secre era el Secretario de la Porra Oficial. Hago un paréntesis para explicar. Hay dos grandes organizaciones estudiantiles en el IPN, la FEP (Federación de Estudiantes Politécnicos) y la ODET (Organización De Estudiantes Técnicos). La Vocacional 7 estaba en la FEP, éramos "fepos". En las organizaciones dentro de la FEP había dos: La Porra Oficial y Los Insurgentes. La Porra Oficial era donde se agrupaban los más duros, en los Insurgentes estaban los más grilleros. Los Insurgentes organizaban las huelgas y los porros madreaban a quiense opusiera. Una vez mirábamos por la ventana un desmadre que armaban los Insurgentes frente a la Dirección, con nosotros estaba El Caballo.
      ¿Quiénes son más culeros, Caballo?, ¿los porros o los insurgentes?
      Los dos son unos hijos de su puta madre.

      El Secre, era el Secretario General de la Porra Oficial. El Jefe, pues. Aunque sólo para efectos formales, los que en verdad gobernaban eran los pesados: El Black Shadow, El pequeño Juan, Los Perros, El Caballo, El George, El Momia... la labor del Secre era mas bien política, más que mandar cuidaba que estos cabrones no acabaran matándose entre sí. Me imagino que así es como funciona un Presidente de la República, sólo tiene labor de mediación, los verdaderos poderes orbitan en torno a él.

      En un tiempo ya ganba yo una feria, ya tenía mis Pony de tachones, mis pantalones de mezclilla stretch, mi chamarra de Rambo, y hasta un morralito militar que usaba de pernera y donde guardaba mi libreta. En esa libreta escribía cuentos y dibujaba. También guardaba dibujos, y apuntes. Una vez me enfrentó El Secre.

      ¿Y esa chamarra, wey?, ¿de qué privilegios gozas o qué, cabrón? Presta. El Secre me quitó mi chamarra y mi morral con mi libreta de apuntes, las tuvo como quince días, todos los días las llevaba puestas. Un día me topé al Secre bien agüitado en una banca.
      ¿Qué te pasa, wey?, ¿estás bien?, le pregunté.
      Sí, no hay pedo.
      Oye, ¿ya no me vas a regresar mi chamarra?
      La verdad es que me la había regalado mi carnal Chucho, y si se enteraba que el Secre la traía iba a armar un megadesmadre. El Secre no me contestó. Sacó mi libreta y mis dibujos de mi morralito pernera que traía puestos y los hoejó un rato.
      ¿Tú haces todo ésto?
      Sí.
      El Secre no dijo nada, me regresó todo. La chamarra y mi morral con mi libreta de cuentos y mis dibujos. Se fue sin decirme nada.

      Un día no me acuerdo qué pedo hubo pero me querían madrear. De repente el Secre brincó: ¡Al Loquito no me lo tocan, éste cabrón es un artista!. La sensación fue muy, muy extraña: por un lado estaba confundido, pero me sentí henchido de orgullo, sentí que quería al Secre, y me incomodaba tener la mirada de toda la bola de chacales encima de mí, frustrados, sin poder tocarme. Fue un momento muy extraño para mí. Gracias al Secre pude andar con ellos sin figurar en la lista de la Porra Oficial. La verdad, me daba un poco de miedo que mi nombre figurara entre tanto chacal, a la distancia me doy cuenta que era un miedo infundado: lo que te hace figurar entre ellos son tus actos, no una lista pedorra que al final nadie pela.

      ...

      La Porra es una mina de policías, o al menos lo fue, no sé ahora cómo esté el pedo. Es una mina de policías y no de policías buenos, como los de la tele, sino de auténticos hijos de la chingada. Ya andando en atracos y madrizas son llamados por policías con placa para hacer trabajos sucios, son los dichosos "madrinas". Después de ser madrinas en algún momento les consiguen su placa y se incorporan a la policía. Hoy les piden haber cursado la carrera de leyes, pero eso no importa, los papeles se pueden conseguir: no hace falta estudiar. Se asiste con cierta frecuencia a las autoridades escolares, se conocen sus necesidades políticas o de las otras, se les "ayuda" o se les hace la barba hasta caerles bien, y a cambio ellos sueltan los papeles.

      Había un Policía Judicial que era todo un mito en la Vocacional 7. El Gogo. La verdad nunca lo ví, lo conocí como se conoce a Cristo, de puras habladas y porque yo mismo acabé creyendo que existía. El Gogo estaba y no estaba, su presencia era fuerte. En ese mítico Gogo me inspiré después para construir a Román, mi prsonaje de Operación Bolívar.

      Entonces: de ahí vienen nuestros policías. En aquel tiempo eran los judiciales, hoy son la Policía Ministerial: diferente nombre para los mismos elementos. Cuando digo que la policía en México es criminógena, les digo que la policía es criminógena.

      Los Porros son golpeadores. En los buenos tiempos del PRI también sirvieron para organizar a la "base popular". Juntaban acarreados para eventos donde hacía falta que el escenario se viera abarrotado. El PTD era un porro del turno vespertino, de los pesados. Presumía que durante un mítin de Miguel de la Madrid extendió una gigantesca manta que decía: Gracias por las migajas, Señor Presidente. Y comprobar así que ellos eran simple escenografía, la gente del trabajo sucio.

      El Garcés era otro porro del grupo de Los Insurgentes. Este pertenecía más al ala "intelectual", estudiaba en el Instituto de capacitación Polític del PRI, el ICAP, y su frase que me quedó grabada en la cabeza es: A la política se mete uno por dinero. Con el Garcés leí la historia del Politécnico, hijo del proyecto cardenista de desarrollo tecnológico del país, conocí lo que fue el movimiento del 68, y... oh, paradoja, me acerqué a las ideas de los movimientos de izquierda del México de los 70's. Empecé a decubrir a Silvio Rodríguez y la Nueva Trova, a leer a los autores del boom latinoamericano. La historia de la Voca 7 es interesante. La Voca 7 estaba en Tlatelolco, ocupaba el edificio que actualmente ocupa hoy la Clínica del IMSS. Después del 68 la Voca 7 se quitó de allí y se llevó hasta Santa Marta Acatitla con el prtetexto de llevar la educación a las zonas más marginadas. También la Voca 5, la de Jacarandas se partió en dos y se llevó parte a Ciudadela, justo a espaldas de la Secretaría de Gobernación. En realidad lo que se hizo después del 68 fue desmantelar la organización estudiantil e infiltrar a la policía a las escuelas usando a la porra como vehículo para infiltrar soplones y golpeadores (mi hipótesis de que existe un plan consciente por parte del gobierno para desmantelar la educación a partir del movimiento del 68 nació en esta observación). De ahí, de ésta infiltración vienen los vínculos entre los porros y la policía. Los porros que se relacionaban con los agentes de Gobernación y destacaban como madrinas eran premiados incorporándolos a la policía. Durante el sexenio de Salinas, estaba yo haciendo Operación Bolívar, se desataron una serie de enfrentamientos entre judiciales y porros. Los periodistas lo interpretaron como que la policía ya estaba haciendo su trabajo, yo lo leí distinto: Desde el salinato la Policía Judicial Federal ha venido perdiendo poder para trasladarlo a la actual Policía Federal (acá e el barrio tengo amigos que han sido Judiciales, luego AFI, luego Federales, nomás les cambian la placa), este cambio trajo un cambio de normatividad que rompió la cadena de reclutamiento que venía de las escuelas; los porros entonces empezaron a actuar por su cuenta y salirse del huacal, la policía tuvo que actuar ante algo que se les estaba saliendo de control, la porra respondió con la virulencia de quien responde a una traición. Y es que la verdad, la criminalidad de los porros estaba acotada: por ejemplo: cuando íbamos a los partidos de futbol en CU o Zacatenco, íbamos en convoyes de camiones secuestrados. Inmensas caravanas de "pseudoestudiantes".... "pseudoestudantes" pinche término mamón que inventó Jacobo Zabludovsky para no testerear la cloaca de las relaciones entre porra y policía, pero bueh... decía que esas caravanas de camiones secuestrados y llenos de porros tenían "permiso" de atracar negocios a lo largo de la Avenida Ermita Iztapalapa. La condición era que no nos saliéramos del convoy, quien quisiera "ir de compras" fuera de la caravana era arrestado por la policía que nos escoltaba. Sí, a las caravanas de camiones secuestrados llenos de porros las escoltaba la policía y les dejaba asaltar siempre y cuando no se salieran de la fila ni lesionaran gente. Nunca faltaba quien rompiera la norma y era remitido al Ministerio Público. Ya allí, los porros ligados con el PRI y los políticos le llamaban al Delegado (del PRI, aún no había elecciones para Delegado ni Jefe de Gobierno), y el Delegado se aprestaba a pagar los favores recibidos por el partido. El Delegado llamaba al Ministerio Público y los detenidos eran soltados de cinco en cinco en intervalos de una hora. Al final nadie quedaba dentro. Al lunes siguiente de cada partido las reuniones en la escuela eran para contar las anécdotas del partido. Con ésta curiosa relación con la autoridad, de veras me sorprende que la gente se sorprenda de tener la policía que tenemos: no estamos eligiendo a los mejores hombres para que nos cuiden.

      Los porros son una estofa baja del lumpenaje. Vienen de familias muy rotas, tienen ideas y sentimientos muy distorsionados acerca de la autoridad y el poder. La fuerza bruta es su moneda. Provienen de estratos sociales muy resentidos y cualquier desmán que hagan se justifica ante sí mismos como un merecido desquite, las ideas de reivindicación social que promueven sirve para escalar la arbitrariedad al marco teórico de los bandoleros justicieros, ponerse al lado de Joaquín Murrieta, Chucho El Roto, Heraclio Bernal, Pancho Villa, no es gratuito que muchos narcos y policías coincidan en el culto a Malverde. Jesús Malverde nos habla de esta idea retorcida que tenemos del poder y la justicia.

      En la Voca 7 viví un entorno donde al menos había algunas reglas, en la porra había reglas en todos los grupos delincuenciales y no las hay, por eso estos grupos se convierten en un refugio sobre todo si se proviene de la barbarie callejera y la barbarie de hogares roto. Te putean en casa, te humillan en la calle, te ningunean en la escuela, eres nada, eres nadie, menos que mierda, no eres ni polvo. Un día te subes a un camión con otros compas, y puedes simplemente tomar todo lo que has querido: comida, vino, ropa, cosas. Puedes tener tantas que hasta puedes repartir entre otros que no tienen, y de pronto a tí, que no eres nada, que no eres nadie... ¡te dan las gracias!

      Una vez hubo una bronca cabrona en el estacionamiento de CU contra los porros de la UNAM. Un error de los cuerpos de granaderos hizo que nos mezcláramos ambas porras en el estacionamiento del Estadio Olímpico y se armó un zafarrancho que no sé que hubiera pasado si no hubiera pasado algo que ahora que lo veo, fue providencial. Se empezó a correr el grito de que alguien se había tirado al suelo y estaba disparando a ras del suelo a los pies de todos los que estábamos allí. La inmensa trifulca se convirtió en desbandada, todos corrimos a subirnos a los camiones y la megabronca se disolvió como empezó: solita. Después nos enfilamos por Insurgentes. Todos quedamos con un rush de adrenalina muy cabrón y comenzamos a asaltar los negocios sobre Insurgentes. Había un negocio de Jordache, o de Sasson, o de Edoardo's... no me acuerdo: me acuerdo que era un negocio colorido y que había mucha ropa. Tomamos piedras no sé de donde, rompimos los cristales y saqueamos ese negocio, uno de tantos que saqueamos ese día. La piedra reventando el cristal, el cristal estallando en añicos, todo como en cámara lenta, el olor de los codiciados pantalones nuevos, el sonido de la alarma, y subirnos victoriosos al camión, impunes, con un buen botín de guerra. Eso es poder, el poder del vándalo, pero poder al fin: y es lo más chingón que se puede sentir en la vida. Esa vez nuestro convoy era de 52 camiones, enorme. Los contingentes de Voca 7 siempre fueron los más nutridos del DF, y es que a las "compras" siempre se nos agregaba banda que no era ni de la escuela; muchos eran las bandas con las que cada porro contaba adicionalmente en sus respectivos barrios. Como esa vez rompimos la regla de atracar sólo en la Delegación Iztapalapa la policía se nos vino encima, pero sólo pudieron detener 15 camiones de los 52. Al final repartí mi botín. Nunca me gustó llegar a casa con cosas robadas. Tampoco me gustó la parte donde ya no atracabamos negocios y toda la bola de cabrones se ponían a robar a la gente en las paradas de los camiones o a pasarse de lanza con las mujeres. No conocí un caso de violación en estos eventos, no violar ni lesionar gravemente a personas era una de las reglas no escritas para ir "de compras".

      Los camiones.

      Dese tomar el camión. Cerrar la Calzada Ermita Iztapalapa, subirte al camión, amenazar al chofer (que algunos colaboraban porque sabían que compartirían el botín, y si los agarraban los soltaban pues venían "amenazados"), bajar al pasaje y subir a la banda al camión, ya desde allí, la experiencia era emocionante. Luego subirse al camión. Hasta para subirse hay jerarquías. En los asientos va la perrada más baja, en los tragaluces se trepa la perrada, pero ya es la más activa. En las puertas van los que gustan del atraco pero además ya tienen autorizado atracar, no puede andar recolectando botín cualquier pendejo: hay estatus. En la puerta de ascenso van los porros pesados y los que van coordinando la velocidad de la caravana; ésta es una tarea emocionante pues hay que abordar y descender de diversos camiones en marcha y mantener constantemente la comunicación con todos los segmentos del convoy. Y los porros más pesado, los más cabrones van de jefes, parados sobre la defensa delantera (en ese tiempo los camiones tenían defensa) y agarrados del parabrisas como si fueran un mascarón de proa, el emblema de la marabunta porril. A veces me imagino que de esta manera tan rudimentaria se organizarían los antiguos contundentes de guerreros que iban a agandallar a otro pueblo, no en balde las palabras "bárbaro" y "vándalo" hacen alusión a los invasores que llegaban a saquear las "civitas", las ciudades, los contenedores de civilización.

      Hablando de asaltos, me asaltan los recuerdos (chiste mamón).

      Ir trepado en la parte delantera del camión, con el aire pegando en la cara, el tráfico abriéndote paso y el dorado del sol bañando los contornos del Ajusco. Eres el puto Rey del Mundo: es una de las sensaciones más bellas que he sentido en la vida.

      ...

      No faltará el quien diga que no se debe sentir placer en situaciones tan plagadas de cosas incorrectas. Si de algo le sirve le contestaré que el poder en cualquiera de sus formas es muy placentero. No culpo a nadie que busque el poder. Pero el poder es hijo de la depredación; somos animales y somos depredadores. No podemos renunciar a nuestra naturaleza. En el mejor de los casos podemos aprender a controlar a nuestra bestia interna. Por eso es necesario para establecer un pacto civil acotar el poder. Esto, señores, lo aprendí en la escuela, en Vocacional 7, Cuauhtémoc... pero no lo aprendí en sus aulas: una lástima, y esto sí lo digo sin ironizar, en verdad lo digo con mucha pesadumbre.

      ...

      Pfff... me faltan anécdotas, pero son muchas.

      Por lo pronto les contaré cómo me salí de la porra.


      Iba con el PTD, El Grande, mi carnal Chucho, que le apodaban El Chiquilín, yo y no me acuerdo qué otros a un congreso en Zacatenco. Se reunían FEP y ODET. Ya se imaginarán el cuadro. Por un error acabamos enfrentándonos a Voca 2, puro odeto, una muchedumbre de cabrones al enterarse de que eramos fepos se aprestaron a madrearnos. Si bien todos en el camión querían pelear aunque a todas luces era una pelea perdida, mi carnal Chucho calmó el pedo y salimos huyendo del lugar. ya luego me confesó que se metió a mediar para que no me hicieran nada a mí. Total, que regresamos a Iztapalapa y estos cabrones no se iban a quedar así, con el día en saldo blanco. Pasaron por unas chelas y saquearon el refrigerador de una tienda. Regla 1: No atraques si no vienes en convoy. Más adelante nos pescó una patrulla y total, que acabé en el Consejo Tutelar acusado de robo a mano armada... pero esa es otra historia. Sin embargo, pisar la cárcel, aunque fuera el Consejo Tutelar, la antesala del Tribunal de Menores, fue lo que me hizo decidirme a abandonar la porra... y la escuela. Después de eso empecé mi largo periplo por una lista de oficios hasta que acabé de dibujante.




      .querían pelear aunque a todas luces era una pelea perdida, mi carnal Chucho calmó el pedo y salimos huyendo del lugar. ya luego me confesó que se metió a mediar para que no me hicieran nada a mí. Total, que regresamos a Iztapalapa y estos cabrones no se iban a quedar así, con el día en saldo blanco. Pasaron por unas chelas y saquearon el refrigerador de una tienda. Regla 1: No atraques si no vienes en convoy. Más adelante nos pescó una patrulla y total, que acabé en el Consejo Tutelar acusado de robo a mano armada... pero esa es otra historia. Sin embargo, pisar la cárcel, aunque fuera el Consejo Tutelar, la antesala del Tribunal de Menores, fue lo que me hizo decidirme a abandonar la porra... y la escuela. Después de eso empecé mi largo periplo por una lista de oficios hasta que acabé de dibujante.


      ...








      .

    4. Luis gantus

      Ya que mencionan aquel programa: A quién del público hubieras metido de panelista? o por quién lo katafixiarias? y qué hubieras propuesto en aquel entonces? considerando que el Internet de ese entonces NO era el de hoy!

      Ya lo dije, es imperdonable que no estuvieran Bartra y Aurrecoechea, tambien faltaron maestros como Angel Mora, o bassoco, y no olvidemos a Gabriel vargas.
      El día de hoy, ese programa, tendría un panel muy diferente, permanecerían Bachan y Humberto, y posiblemente Gallur y Pelaez, los demás, hace mucho que dejaron de hacer historieta. ( y como sé que preguntaran por Oscar, estoy seguro que difícilmente aceptará estar en un panel rodeado de toooodos sus detractores, -es decir todo aquel que no pertenezca a su "grupito de asociados"-, y quedar en evidencia)

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