
Los homosexuales en Argentina están celebrando felices la posibilidad de casarse.¿Por qué dice usted que hay que acabar con la institución del matrimonio?
El matrimonio es una institución caduca. Originalmente era el contrato de compraventa de la vagina de una mujer por parte del hombre interesado en tener hijos con ella. En este momento no sirve a ningún propósito más allá de mantener un cierto control estatal o, peor, eclesiástico, sobre la vida privada de los individuos: para que mi empleador me crea que vivo con alguien y asegure a esta persona, por ejemplo, tengo que contárselo al estado, y el estado es quien decide hasta cuándo estoy ligado a esa persona y en qué condiciones. Por otro lado, su rigidez (heredada directamente del moralismo religioso más miope) es en parte causante de un buen porcentaje las infelicidades de las parejas actuales.
Personalmente, dado que el matrimonio es la única manera disponible actualmente de acceder a los todos beneficios de ser una pareja, yo aplaudo la decisión del senado argentino: cualquier pareja (sea como sea que esté conformada) debería poder acceder a ellos. Pero pienso que el objetivo final debería ser la abolición de ese contrato. El estado no debería estar involucrado y la naturaleza del contrato debería cambiar ostensiblemente para adaptarse mejor a la manera como las relaciones de pareja realmente funcionan.

